La piel del rostro es la más sensible y expuesta, por lo que, en general, es la que más cuidamos. Pero de nada sirve invertir en la crema más cara del mercado, si no la aplicamos bien. Y es que en ocasiones nos dejamos llevar por las prisas o por las malas costumbres y arrastramos errores en la aplicación de la crema que nos impiden obtener todos sus beneficios.

Estos son algunos de los errores que cometemos las mujeres al aplicar nuestra crema facial:

1. No limpiar el rostro antes de aplicar el tratamiento. Para que una crema funcione la piel tiene que estar limpia, estamos acostumbradas a desmaquillarnos y limpiar el rostro por la noche, pero también hay que limpiarlo por la mañana ya que el sudor y los tratamientos de la noche deben ser eliminados por la mañana antes de aplicar nuestra crema.

2. Echar demasiada cantidad de producto. Poner un exceso de crema sobre el rostro es un error porque tapa los poros y provoca brillos en la piel. Lee la instrucciones que incluye toda crema, antes de aplicártela.

3. Usar el mismo producto en el contorno de los ojos que en el resto del rostro. La piel del contorno de los ojos es sumamente delicada, es más fina y por eso suele arrugarse más que el resto, dando lugar a las temidas patas de gallo. Por eso es imprescindible a partir de los 25 años utilizar un tratamiento específico para esa zona del rostro.

4. Frotar la piel, especialmente el contorno de los ojos. Al aplicar la crema, muchas personas aplican con excesiva presión el producto. Según José Luis Cerrillo, “lo conveniente es realizar un suave masaje en el rostro, siempre desde dentro hacia afuera, y en la zona del contorno de ojos desde fuera hacia adentro; siempre en un único sentido; del mismo modo se recomiendan pequeños toques ya que frotando con cierta presión, se podrían desplazar los tejidos y a la larga perderíamos elasticidad, este punto también es importante al secarnos la piel, lo ideal es secar a base de pequeños toques en el rostro”.

5. Elegir la crema en base a la experiencia de otras personas. Cada piel es distinta y tiene unas necesidades diferentes, la crema que le funciona a tu amiga, quizás a ti no te funcione, el primer paso para elegir tu crema es que conozcas tu piel, a través de un diagnóstico personalizado, y que un experto te aconseje cuál es el producto que más te conviene según las características de tu tez, también es cuestión de probar, hasta encontrar esa crema que te gusta por su textura, su olor y además hace que tu piel tenga un aspecto espléndido.

6. Olvidarnos del cuello y del escote. Grábate esta máxima: la cara no acaba en la barbilla, aunque cada vez hay más firmas cosméticas que ofrecen cremas específicas para el cuello y el escote, en general, las cremas faciales sirven para estas zonas que, con frecuencia, solemos olvidar, es un error grave porque a medida que pasan los años, el cuello y el escote pierden elasticidad y son zonas difíciles de rejuvenecer, así que más vale prevenir, cuidándolas igual que hacemos con la cara.

7. Abandonar el protector solar cuando se acaba el verano. Los rayos solares, sea verano o invierno, son muy dañinos para la piel y, además, son el principal factor del envejecimiento cutáneo; así que es importante que la crema facial que elijas, también en invierno, tenga protector solar.

8. No ser constante con el tratamiento elegido. Para obtener buenos resultados, debemos ser constantes en la aplicación de las cremas. Por la mañana y por la noche, es importante que no nos pueda la pereza y siempre limpiemos la piel y apliquemos las cremas.

9. No pensar en el futuro. Cuando somos jóvenes no pensamos que la piel se estropea con la edad, pero la piel tiene memoria y si la has castigado en tus años de juventud (sin cuidarla debidamente), lo más probable es que las arrugas aparezcan antes; a partir de los 20 años, o antes, en caso de pieles con problemas de acné, es recomendable hidratarse mañana y noche, a partir de los 25 habría que incorporar el tratamiento específico para el contorno de los ojos y a partir de los 30 años una crema antiarrugas por la noche.

10. Evitar incluir en nuestro rutina de belleza nuevos productos que complementan las cremas faciales. Nos referimos, por ejemplo, al sérum, al pre-sérum, al aceite facial, a la esencia… La crema hidratante es el tratamiento base, indispensable para día y noche, pero podemos complementar e incrementar sus beneficios si añadimos a nuestra rutina de belleza productos como el suero o sérum, la esencia, el aceite facial… No queremos decir que tengas que añadirlos todos, pero en la medida de tus posibilidades, incorporar por ejemplo el sérum por el día o un aceite facial por la noche, ayudará a que tu piel se muestre más radiante y protegida frente al envejecimiento.

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