Encuentro a tres bandas en el taller neoyorquino de la reina del estilo en Nueva York y sus dos hijas. Una exclusiva del número de abril de Vanity Fair, ya a la venta.

Entevistamos a “La Señora H.”, como también se conoce a Carolina Herrera en sus oficinas, una mujer cuyo distinguido estilo sobresale en los tiempos donde lo agresivamente informal es la norma. “Lo peor de la moda ahora son las mujeres que salen casi desnudas“, dice la diseñadora en referencia a Kim Kardashian, Beyoncé o Jennifer López.

La entrevista con Carolina Herrera transcurre en la oficina neoyorquina de la diseñadora, situada en el último piso de un edificio clásico donde a pesar del bullicio de la Gran Manzana, no llega el ruido. De todos modos, el halo clásico que ha rodeado a la firma durante sus 35 años de historia, no ha impedido que su cuenta de Instagram haya conseguido casi un millón de seguidores en apenas año y medio. Herrera insiste en que en la era digital no hay que mostrarlo todo, según ella, “la clave siempre es el misterio (..). Un poquitito de misterio en todo lo que haces es fundamental, y en la ropa también. Algunas niñas piensan que la palabra elegancia está pasada de moda. Yo creo que no importa cuánto cambie el mundo, es eso y no toda la piel que ellas muestren lo que las va a hacer diferentes y atractivas”.

Las que refuerzan esa tesis son Carolina y Patricia, las pequeñas de las cuatro hijas de la diseñadora, y las únicas que trabajan con ella. Ambas hermanas representan el equilibrio que la madre logró junto a su firma: ser un emblema de la high society neoyorquina manteniendo su carácter latino.

LA SEÑORA LANSING, PRINCESA DE PARK AVENUE

Patricia se formó en Spence, uno de los colegios de señoritas más emblemáticos del Upper East Side, y continuó sus estudios en la Universidad de Brown antes de casarse con el banquero Gerrit Livingston Lansing Jr. Sus fines de semana transcurren en Locust Valley, y sus vacaciones de verano en Maine, cumpliendo todos los requisitos para ser una princesa de Park Avenue. “She checks all the boxes”, como dirían los neoyorquinos.

Junto a su madre, forma parte del equipo de diseño, pero también se encarga de proyectos especiales. “Por ejemplo, si vamos a colaborar con una película, como hicimos con El cisne negro, ayudo a elegir la ropa que se usará en el set (…). Como tengo un pie en el diseño y otro en los consumidores puedo traducir las necesidades de una y otra parte”, explica.

Respecto a la posibilidad de comprar ropa por Internet directamente de la pasarela, afirma que dicha tendencia es interesante, pero añade que “la moda tiene que cambiar un poquitico (…). La gente que está atenta a los desfiles para comprar enseguida es una minoría, y para el resto no es particularmente relevante”. Su madre también muestra su recelo ante dicha tendencia, “presentas la colección y tienes que tener lista la producción al mismo tiempo, no puedes esperar a los encargos para empezar. ¿Pero si hay cosas que no gustan? Luego te quedas con toda esa ropa”.

El taller de la firma es un lugar donde se experimenta con géneros esponjosos de tecnología de última generación, y motivos florales en tres dimensiones. “Siempre estoy investigando nuevas técnicas para introducir de una manera femenina y hacer que las mujeres luzcan fantásticas para el día de hoy, sin parecer disfrazadas. Ese es mi trabajo”, resume la diseñadora.

CAROLINA, ENTRE ESPAÑA Y NUEVA YORK

“Lo que yo hago lo podría hacer aquí en Nueva York, en Madrid o en Nairobi”, explica Carolina hija. Involucrada desde hace más de 20 años en el área de perfumes de la firma, es actualmente su directora creativa. Su implicación en un documental sobre toreo, la trajo a España en varias ocasiones, y así conoció a Miguel Báez, El Litri, extorero e inversor inmobiliario con quien vive entre Madrid y Extremadura junto a sus tres hijos. Carolina tiene un estilo impecable y natural, algo que según su madre no debería sorprender en España, ya que según su madre, “las españolas siempre han querido verse bien, y llevan el toque de distinción y elegancia en absolutamente todos los momentos de su vida”.

A pesar de considerarse 100% venezolana, Carolina siente cada sitio como su propia casa, “en Nueva York uno tiende a quedarse en su barrio y hacer la vida allí, pero Madrid lo de ir pa´arriba y pa´abajo que nos gusta a nosotras lo hace todo el mundo”, y afirma que su vida “podría filmarse como una road-movie con paradas interesantes”, dada su gran afición a viajar y conducir.

Se considera una madre relajada, excepto para los deberes y modales de sus hijos, “ahí me llaman la señorita Rottenmeier, y con razón”, confiesa. También recuerda con cariño las enseñanzas de su padre, “los que te halagan y los que te critican no son importantes. Hay que escucharse a uno mismo”.

DISEÑADORA Y MATRIARCA

Carolina y Patricia son un gran apoyo para el trabajo de la diseñadora, cuya misión fundamental es decirle la verdad a su madre. “Llega un momento en tu vida y en tu carrera que todos te dicen lo que quieres escuchar. Para evitarlo estamos nosotras”, explica Patricia. Ambas hermanas afirman tener valores parecidos, pero no se consideran clones. De hecho, mientras que Carolina conservó su apellido, Patricia Lansing adoptó el apellido de su marido, “un capricho de juventud; me parecía que ya había demasiados Herrera rodeándome”, explica la señora Lansing.

Respecto a sus hijas, la diseñadora afirma que tienen estilo propio, “mis hijas no son trendy. No son fashionistas, hacen lo que ellas deciden sin seguir los gustos de los demás. Son niñas clásicas con un twist moderno en su pensamiento. Veo que, en cambio, los niños de hoy no solo pasan el rato matando gente con los videojuegos sino viendo qué hizo un amigo y qué hizo el otro. Por suerte, las mías están todas crecidas”.

La Reina de la moda neoyorquina también es una abuela y bisabuela orgullosa, y en esto es como el resto de las abuelas: “A mis nietos y demás los consiento. Y que sus madres vayan y los eduquen”, señala.

 

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