El glamour y lujo de Chanel llega el pasado 2 de mayo a La Habana, el destino comunista en boga en el mundo, en el primer desfile que organiza la casa parisiense de moda en Latinoamérica.

El diseñador alemán Karl Lagerfeld presento su colección Crucero 2016-2017 en el Paseo del Prado, un bulevar a cielo abierto a 300 metros del mar. Maquillado para la ocasión, el sitio reluce entre edificios viejos y descascarados en los que habitan miles de personas que muy difícilmente acceden a servicios de lujo.

“La riqueza cultural y la apertura de Cuba al mundo la convierten en una fuente de inspiración para Chanel”, señaló la empresa cuyos diseños mostrarán los colores del Caribe y los referentes estéticos de la isla.

Hay expectación y curiosidad, pero no sorpresa en un año de acontecimientos sin precedentes en ese país: la visita del presidente Barack Obama, el concierto de los Rolling Stones y la actual filmación de la saga Rápido y furioso. A eso se suma el incansable desfile de estrellas de la música y del cine, así como de altos funcionarios de todas partes.

“Creo que esa pasarela va a ser más para Chanel que para Cuba. No sé si la gente de aquí esté lista para ese tipo de producto, para ese tipo de propuesta”, declaró Idania del Río, una diseñadora de 33 años.

Raúl Castillo, el modisto más popular de Cuba en los últimos 20 años, está emocionado: “Es un sueño ver aquí, en la Cuba socialista, el trabajo de un diseñador como Lagerfeld”.

El desfile de Chanel no deja de ser paradójico en un país que por décadas llevó el ideal igualitarista hasta el atuendo. Los cubanos adquirían la misma ropa y zapatos, de opaco diseño, pero esta tendencia comenzó a desaparecer hace 25 años.

 

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