Escrito por @Karlinafer

La juventud se agrieta, está lamentablemente en peligro de extinción, una lluvia de balas amenaza constantemente con mojar a cualquiera, pero con mayor frecuencia a menores de treinta años. Así Venezuela se convierte en el puente hacia el país del “Nunca Jamás” porque nunca jamás esos jóvenes volverán a pedir para la merienda, ni sabrán lo que es abrir una cuenta en un banco o preparar un matrimonio, o graduarse o hacer de sus sueños un nicho de logros. Perder la vida antes de los 30 años es perder en el fondo los años más inconscientes y apasionados de un ser humano, y en Venezuela la muerte tiene capricho por ellos.

Para noviembre del 2014 Anzoátegui era la región con más índice de muertes y de ellas un 80,5% era producto de homicidios por armas de fuego, según cifras del periódico El tiempo y Cecodap. Sin embargo, no solo quien ve meter la bala en su cuerpo tiene menos de treinta, también quien dispara. La delincuencia en este país es organizada, pero también muy joven, generalmente los detenidos por robo, secuestros y homicidios son “hombres” entre 17 y 25 años.

Delincuencia 3

¿En qué momento un adolescente deja un celular para mandar un whatsapp y toma un revolver para mandar una bala? ¿En qué pensamiento un adolescente se fuga con sus amigos para ir a una discoteca y comienza a irse de su casa para unirse a una banda de secuestradores? ¿Qué pasa en los hogares venezolanos? ¿Dónde perdimos como padres los valores de honestidad, respeto y amor? Los antivalores arrasan con el futuro de un país que parece suspendido en el tiempo, curtido de tanta escasez y ahogado en la violencia más tenaz. Si nuestros jóvenes son asesinados y quienes los asesinan son jóvenes ¿quiénes seremos cuando los que quedan vivos lleguen a los 30?

Creo que nos hace falta un bombardeo de educación que nos desinfecte de corrupción y viveza, que revisemos el pensum de estudios de las escuelas y el pensum discursivo y conductual de las familias venezolanas. Hay mucho abandono de padres, violencia de género, pobreza extrema y consumismo y si metes todo eso en la psiquis de un niño de 16 es probable que le estemos potenciando una conducta anti social. Los jóvenes que roban  y matan generalmente están forrados de marcas, oro y resentimiento social, lo que hace suponer que no roban para llevarse una arepa a la boca si no para tener lo que otros tienen, convertirse en alguien y tener algo que por la vía de la honestidad y apegados a la ley no tendrían; entonces viene otra palabra clave: oportunidad, quienes tenemos 30 y no tenemos armas y nos apegamos a la ley somos tristemente la generación que se ha quedado sin futuro.

Delincuencia 1

No es posible con la inflación bipolar del país soñar en cinco años con comprarse una casa o en dos un carro de agencia, no es posible ni siquiera comprar una harina pan cuando deseas, estamos presos con nuestros últimos dígitos de la cédula y aunque no hay justificación posible para detonar un revolver en contra de otro sí hay causas y situaciones que las incentivan.

Mientras la educación sea una materia pendiente en las prioridades de las agendas políticas, mientras haya un hombre pegándole a su mujer y una mujer dejándose pegar y creamos que somos más felices cuando compramos cosas y  sigamos pensando que “ ser” es “tener”, mientras queramos ser más vivo que el otro y sigamos haciendo cola para sobrevivir Venezuela seguirá siendo el país de la juventud muerta. Seguirán las balas protagonizando el juego mortal con que nuestros niños y adolescentes apuestan a un “mejor futuro,” un futuro desvirtuado, mientras los que no sobreviven se acopien en la morgue sin saber lo que es tener la crisis de los treinta ni sonreír en la plácida madurez después de esa edad.

*Fotos cortesía: radiomacondo.fm, pazciudadana.cl

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