Escrito por María Salinas (@susanasali)

Recuerdo esas noches al salir de mi antiguo trabajo, muy cansada, pero afortunada de tener a un amigo uniformado parado justo enfrente con las luces intermitentes del carrito blanco de policía esperando para llevarme no a la cárcel sino a mi casa. Siempre dispuesto a prestar sus servicios sin excepciones como pocos de su gremio, realmente un oficial diferente.

Edward Hernández, un morenito vivaz, enamorado de su novia  cabello rizo, piel canela. Con planes bien afincados para casarse con ella. También enamorado de Dios, de su familia, de su trabajo porque lo hacía con excelencia y creo que un poco de su compañero de labor, un calvo catire, dientes grandes, muy agraciado sin vacilación y al cual además consideraba su amigo y hermano.Tan buenos amigos este par que coreaban siempre la misma canción de camino al Bucaral.

No tengo duda de su calidad de persona y de su entrega a su profesión; realmente era diferente. ¡Si, era! y la melancolía vuelve una y otra vez al recordar que el pasado 30 de mayo la noticia rodó por algunos medios de comunicación, el alcalde de Chacao Ramón Muchacho también confirmó el asesinato de este joven de 27 años, quien estuvo reforzando el operativo de seguridad durante la manifestación por parte de la oposición en esta localidad.

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Edward entregó guardia en ese instante y se destinaba en su motocicleta a su morada cuando fue interceptado en la autopista Francisco Fajardo, a la altura de Plaza Venezuela, para despojarlo de su armadura, así lo informó el alcalde a través de su cuenta en twitter. Edward es el quinto funcionario de Chacao ultimado en menos de un año, todos fuera de servicio.

Como Edward son muchos los que han perdido la vida en manos de siniestros deshumanizados, individuos envueltos de maldad y fechoría. Desgraciadamente nuestra cultura ha sido golpeada por los sistemas de gobierno, por la pluralidad de religiones que a su vez buscan un interés propio y las mezclas desatinadas de nuestros antepasados. Sin embargo, no se trata meramente de inseguridad, de perversos, de fusiones raciales, de líneas políticas o de religiones. Se trata de un consciente individual que esta siendo resquebrajado por el deseo insaciable de ser o estar por encima de. Como si la vida fuera una cuestión tan simple como ir a la tienda de un artesano y comprar un jarrón nuevo porque el viejo se quebró.

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Ser un funcionario no implica nada o ser profesor, tal vez periodista o cantautor, quizá abogado o doctor; al fin de cuentas no hay que ser nada para merecer una forma de morir, simplemente en este país el rebaño reventó la cerca y el pastor fue pisoteado por la manada. Solo falta esperar que venga el experto en remiendos y cure las heridas del caporal para que traiga de nuevo al redil a los que se esparcieron.

Ahora recuerdo con sutileza una frase bien apropiada de mi abuela cuando decía: “Solo existe un lugar seguro, pero no es la tierra porque la tierra vuelve a estar como en el principio desordenada y vacía, en tinieblas y obscuridad”. Y es cierto, en un lugar así la inseguridad es el pan de cada día, nadie está tan seguro ni lo estará. ¡Ni siquiera él!

*Fotos genéricas de Últimas Noticias y La gran ciudad

 

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