Escrito por Carla Soto

Caracas, transformada urbanamente desde comienzos de la tercera década del siglo XX hasta hoy cuando podemos observar a través de bosques de humos, arquitecturas improvisadas que cobijan más personas de lo que se debe, tráfico nefasto, vías sucias e innumerables calles que a pesar de no estar identificadas con sus respectivos nombres,sus esquinas se dan el lujo de ubicar a los pocos que las conocen. Sí, nuestra gran metrópolis hecha telaraña se descubre a través de un sinfín de relatos, cuentos y leyendas. Éstas, al parecer, son lo único que prevalece en una ciudad donde se destruyen estructuras del pasado para construir obras representantes de la ideología política del gobierno que la presida. Transitoria y poco histórica es la capital del país.

Desde luego, no todo es tan opaco como se pinta, Caracas alberga un clima, que a diferencia del estado Vargas o Anzoátegui, es fresco, su limítrofe montañoso, natural “El Ávila” hace  de  su paisaje un lugar digno de admirar. Su gente autóctona e inmigrantes se han mezclado para brindar  una población variopinta. En ella transitan y se educan miles de estudiantes matriculados en las múltiples casas de estudios como la Universidad Central De Venezuela, sin embargo, es curioso que al hacer esta referencia son pocos los que conocen sus tradiciones, los  designios de sus plazas son desconocidos, incluso,  al solicitar una dirección hasta su poblador da una mala o difícil ubicación.

Esquina de La Torre, 1939. Foto: La Guía de Caracas.
Esquina de La Torre, 1939. Foto: La Guía de Caracas.

Podría decirse que el infortunio se apega al desdén de la cultura apócrifa que el venezolano ha adoptado, reemplazándola con superfluos modernismo extranjero. Nación regente de lo exterior sin pudor a sus ademanes propios, pero no duraderos. No se valora lo histórico, somos un país donde otros ven lo mejor de éste y lo aprecian, como el caso que mejor lo representa “La esquina de Sierra”. Son cientos los habitantes que por ella a diario circulan y que, tal vez, sólo los más ancianos y fieles a la cultura reconocen.

Su nombre se remonta a la época colonial, hace más de trecientos años se denominó así en honor al Padre Joseph de Sierra, un ser ejemplar y benefactor, hombre de gran asistencia durante la epidemia de 1766, al ayudar a curar a los enfermos sin importar que arriesgaba su propia vida. Asimismo, actuó el 21 de octubre de ese año al auxiliar a los afectados del terremoto que la sacudió. No obstante, el relato vehemente sin nada sólido que memorar ni letras que descifrar se encuentra oculto, sepultado tras la carencia  de permanencia. El célebre Sebastián Francisco de Miranda, considerado “el Precursor de la Emancipación Americana” y “el Primer Criollo Universal”. Políglota, político, militar, diplomático, escritor, humanista e ideólogo venezolano, único americano que posee su nombre grabado en el Arco del Triunfo en París, su retrato forma parte de la Galería de los Personajes en el Palacio de Versalles y su residencia en Inglaterra se mantiene intacta, mientras que en su patria en esa misma esquina no queda ni rastro de su estadía.

Esquina Padre Sierra.
Esquina Padre Sierra.

La historia se remonta a 1959 cuando Don Fernando Mejías propietario de la casa decidió venderla, en 1762 fue adquirida por el padre del precursor, Don Sebastián de Miranda, quien la acondicionó no solo para vivir sino además para darle rienda a su negocio de amasijo y mercería; ahí transcurrió la infancia del héroe que luego partió a España.

A finales del siglo XVIII la vivienda fue vendida por su padre, es por ello que quizás no se mantuvo en el tiempo el título de Miranda por esa cuadra, como también pudieron ser las constantes disputas que mantenía con el clero. La vivienda fue utilizada como posada y luego como depósito de cacao y café hasta que fue demolida y borró geográfica e históricamente la relación de ésta con el apellido, posteriormente se construyó el actual edificio denominado Padre de Sierra.

He aquí un relato sin rostro, un recuerdo sin escombro, sin escritos porque la designación solo hace alusión al Padre Sierra, pero no al pre-independentista de quien no se conmemora ni su estancia con un simple monumento, pintura o información que señale que allí él vivió.

Carla 4

Hoy, Santiago de León de Caracas sigue cambiando, sometida a constantes renovaciones es víctima de una idiosincrasia autoritaria que barre lo tradicional para reemplazarlo con una imagen meramente política. Restando identidad, desbalijando el gentilicio se vale de su poderío para una vez más intentar modificar uno de los íconos que une al caraqueño. A un mes de sus 448 años de fundada (25 de julio de 1567), la fracción de concejales del Partido Socialista Unido de Venezuela (Psuv), del municipio Libertador propuso nuevo escudo de Caracas con ojos, boína de Chávez y la fecha del 4 de febrero (4F).

 

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